Skip to main content

Chiang Mai, la rosa del norte de Tailandia

Después de las semanas de playa en febrero, estamos de vuelta en Tailandia pero esta vez en el norte, en Chiang Mai. Por motivos técnicos (precios de vuelos) nos salió la opción de pasar por esta interesante ciudad y no dudamos en quedarnos unos días para disfrutarla al máximo. Además, resulta reconfortante después de recorrer algunos países con infraestructuras más pobres, llegar a un país como Tailandia. Algunas facilidades que considerábamos tan ordinarias y cotidianas en Barcelona como son el aire acondicionado, grandes hospitales, buenas carreteras, pasos de cebra, música en directo… las hemos recibido con una gran sonrisa en Tailandia. Será el país más turístico de los que hemos visitado pero aún así, nos sigue fascinando.

Chiang Mai es la quinta ciudad más grande de Tailandia y la segunda en importancia después de Bangkok. A 700 km de la capital, situada entre las montañas más altas del país, durante muchos años Chiang Mai fue la capital de un antiguo reino del norte, el reino de Lanna. Fundado en el siglo XII el reino de Lanna tuvo su propia cultura e idioma que hoy todavía se habla en el norte (el kham mueang). En el siglo XVI fueron invadidos por los birmanos y no fue hasta el siglo XVIII que pasaron a formar parte de Siam o la actual Tailandia.

Esta ciudad histórica que estuvo una vez amurallada, queda acotada hoy en día por el foso y por unos pocos ladrillos de la muralla que se mantienen en las esquinas y en las puertas principales. En su interior permanecen más de 30 templos de aquella época. De estilo peculiar con influencias birmanas, de Sri Lanka y propias thai lanna, merece la pena pasear por la ciudad antigua e ir visitándolos sin prisa.

Sin embargo, el templo más famoso se eleva fuera de la ciudad, a 18 km, en la montaña de Doi Suthep. El Wat Phrathat Doi Suthep con su imponente chedi o estupa dorada, es lugar de peregrinación budista pero además, ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad.

Cuando baja el sol y refresca el ambiente, las calles de Chiang Mai son ocupadas por puestos de ropa, de comida y de recuerdos. Cada noche la gente se concentra en torno al Night Bazar y los sábados y domingos además se montan mercados especiales. Es posible comer todo tipo de platos asiáticos en los puestos y en los más modernos camiones de comida, y en muchos lugares de la ciudad tocan pequeños grupos de jazz o rock en directo. La oferta de restaurantes también es enorme, pero si tuviéramos que quedarnos con uno, sin duda elegiríamos el Dash; con un servicio excelente, entre otros platos típicos probamos el Khao Soi, todo delicioso y amenizado por bandas locales.

Chiang Mai es muy popular entre los turistas por los tours organizados que pueden realizarse en sus alrededores. Una de las actividades estrella es montar en elefante. Durante nuestro viaje por el sudeste asiático hemos tenido la oportunidad de hacerlo en varias ocasiones pero también hemos podido informarnos sobre el tema. Son pocos los lugares en los que se respeta y protege a este gran animal perseguido. Para que un elefante pueda ser montado por un humano y se muestre sumiso ante nuestros caprichos, tiene que ser capturado de bebé y sometido a un proceso elaborado de sucesivas torturas, el Phajaan. Conocer los detalles de esta práctica quita las ganas de montarlo casi a cualquiera. Como alternativa en Chiang Mai, se puede visitar o ser voluntario en el Elephant Nature Park, cosa que no hicimos porque nos pareció muy caro. Otra actividad popular que se presta mucho a las fotos es la de juguetear con tigres como si fueran perros o gatos en el Tiger Kingdom. Después de ver lo que hacen a los elefantes para satisfacer las fantasías de los humanos, resulta al menos sospechoso que estos tigres tailandeses hayan salido tan amigables. Demasiado presentes en nuestras mentes los 40 cachorros que fueron hallados muertos hace unas semanas en un centro turístico similar cerca de Bangkok. Ni qué decir lo que pensamos sobre el espectáculo de las Kayan o “mujeres jirafa”.

Resumiendo, no hemos visto ni elefantes, ni tigres ni mujeres jirafa en Chiang Mai. Nos hemos limitado a recorrer la ciudad, disfrutar de sus templos, de sus mercados, de sus museos, de la música en directo y de su gastronomía. Sólo por esto, definitivamente ha merecido la pena.

 

Koh Lipe y los urak lawoi, la isla y sus pobladores

En pocos días nos despediremos de Tailandia por el momento y queremos hacerlo de la mejor de las maneras: pasando unos días más de mar, playa y relax en una isla paradisíaca. Nuestro último destino ha sido una pequeña joya en el mar de Andamán, la magnífica Koh Lipe. Aquí no solo hemos encontrado mar y playas, si no que hemos descubierto un lugar impresionante poblado por una gente única, los urak lawoi.

Aparte de por su belleza hemos elegido esta isla también por su ubicación. Muy cerca de la frontera con Malasia, pasaremos por aquí, en barco, al país vecino. Para llegar a ella, el único punto de partida de ferries y speedboats es Pak Bara.

Koh Lipe, cuyo significado es en la lengua indígena “Isla Plana”, es tan pequeña que puede recorrerse a pie en poco más de una hora. Se encuentra al sur de las inhabitadas islas de Ko Adang y Ko Rawi, muy  cerca también de la mayor isla que da nombre al parque nacional marino del que forman parte, Tarutao; más cerca de tierras malayas que de la costa tailandesa.

Son tres las playas que bordean las colinas selváticas del interior de la isla: Hat Pattaya, la playa “Sunrise” y la playa “Sunset”. Estas playas de arena blanca son la puerta a unas aguas transparentes con arrecife de coral protegido y una rica vida marina. Es más, en esta zona se concentran el 25% de las especies de peces tropicales del mundo.

La de Hat Pattaya es el punto de entrada y salida de la mayoría de longtail boats y en sus aguas descansa una especie de “embarcadero portátil” que recibe todos los ferries y speedboats. A pesar de ello, sus aguas limpias y transparentes permiten contemplar mientras paseas por la orilla multitud de peces, cangrejos y erizos que conforman la vida subacuática. Es una playa larga, de arena fina y blanca, con varios restaurantes que ofrecen pescado fresquísimo a la barbacoa. Tiene alojamientos y también vida nocturna pero del mismo modo que pasa en toda la isla, conserva una atmósfera de tranquilidad impresionante.

La playa “Sunrise” tiene unas aguas algo más animadas a consecuencia del viento y ofrece unas vistas espectaculares a las islas e islotes vecinas. Es larga e ideal para pasear, tranquila pero a la vez llena de vida, en su orilla se localizan algunos alojamientos y varias escuelas de submarinismo.

Por último la “Sunset” es más pequeña y como su nombre indica lugar estratégico para deleitarse con la puesta de sol.

Algo que recomendamos si se visita Koh Lipe es hacer una excursión de día alrededor de la isla visitando las islas vecinas y los mejores puntos de snorkel. Así como en otras zonas de Tailandia siempre está el riesgo de que en este tipo de “tours organizados” te amontonen con decenas de turistas en un barquito minúsculo y te vayan dejando en grupo en las playas más bonitas, en Koh Lipe esto no sucede. Recomendamos el Highlight trip con Dayatravel. Un simpático capitán nos llevó en su longtail boat a los lugares más especiales del Parque Nacional Marino de Tarutao: Hin Sorn, las islas de Koh Dong, Koh Puang, Koh Lor-Kloy, Hin-Ngam y difrentes puntos de snorkel donde pudimos nadas entre peces de colores, calamares, erizos, estrellas de mar, sobre corales blandos de todos los colores. Eso sí, las corrientes en algunas zonas eran importantes y acabamos el día agotados de nadar a contracorriente. El día lo terminamos en la vecina isla de Koh Adang, viendo la puesta de sol desde la playa. Antes de llegar a Koh Lipe hicimos una parada en el mar para, bajo la luna y las estrellas, lanzarnos al agua a nadar en la bioluminiscencia del plancton.

Nos ha resultado muy interesante conocer el origen y la situación actual de la población de la isla. En 1909 el rey tailandés Rama V regaló esta colonia  deshabitada a un grupo de gitanos marinos malayos: los urak lawoi chao le, que  quiere decir “gente del mar”. La historia de este pueblo se remonta a hace más de 200 años. Descendientes de habitantes de la isla de Langkawi, cuando los malayos la conquistaron fueron obligados a convertirse al islam. Se negaron y fueron forzados así a pasar a ser un pueblo nómada del mar. Seguramente como resultado de generaciones de estilo de vida marino, se dice que muchos chao le pueden aguantar la respiración durante largos periodos de tiempo y  que tienen una habilidad inusual para ver bajo el agua. La vida junto al mar también les ha ayudado de otras maneras: se cuenta que, en el tsunami del 2004, no murió ningún chao le ya que sus leyendas les alertaron de la bajada brusca de la marea para escapar a tiempo a zonas de altura. Estos seminómadas de creencia animista, vendieron la mayor parte de la isla a especuladores chinos y tailandeses en los años 70. Esta decisión trajo consecuencias desastrosas y hoy en día a penas quedan unos 500 agrupados en unas chabolas metálicas cerca de la playa “Sunrise”.

Es una pena que en muchos lugares únicos como este el turismo se convierta en sinónimo de sobreexplotación de los recursos naturales y se ponga en riesgo el futuro de la comunidad local. El año pasado fue publicado en la prensa un artículo muy interesante sobre este tema: Colonizados por el turismo. Para saber más sobre los urak lawoiwww.projecturaklawoi.org.

P1030151 (Medium)

Cuando se pisa Koh Lipe es inevitable por sus playas, su naturaleza y sus aguas, acordarse de Ko Phi Phi; las dos islas son especiales y resultan similares en muchos aspectos. Lo único que no queremos es que Koh Lipe siga los pasos de la fiestera Ko Phi Phi que ya se encuentra saturada de hoteles, comercios y ruido.

Por ahora nos despedimos de Tailandia, de la gente a la que se le escapan las sonrisas de la boca. Nos vamos bastante más morenos y con un montón de experiencias y momentos inolvidables en la mochila.

Sunset en Koh Adang

Ka pun ka Tailandia y hasta pronto! ขอบคุณ!

Buscando mar y playas en Tailandia: Ko Tao

Desde Krabi tres horitas de autobús y otras tres de ferry para volver a pisar otra isla inolvidable: Ko Tao.

Al este del país, en el golfo de Tailandia, se encuentra esta isla, cercana pero a la vez muy  diferente de sus islas vecinas Ko Phangan y Ko Samui. Ko Tao, o lo que es lo mismo la “Isla Tortuga”, está habitada por humanos apenas desde hace 70 años (antes lo estaba por tortugas) y recibe turistas desde los años 80. Es muy pequeñita, de largo no llega a los 8km, su parte más ancha mide 3.4km y está dividida en tres pueblos: Mae Haad y Sairee en la costa oeste y Chalok Baan Kao en el sur. Ko Tao es abrupta, salvaje y con un arrecife de coral que abarca 8 km.

Si Railay era el paraíso para los escaladores, Ko Tao lo es para los submarinistas. La belleza natural de la isla se extiende bajo el agua con deslumbrantes arrecifes de coral y abundante vida marina en unas aguas claras y tibias. Por eso no es de extrañar que hoy en día se haya convertido en lugar de referencia para probar o perfeccionar el submarinismo; resulta barato sumergirse y/o titularse en esta actividad ya que la competencia de escuelas de buceo es alta. Hay muchísimas pero es bueno conocer algunas de las que imparten los cursos en castellano, como La Bombona en Mae Haad o Pura Vida en Sairee.

Nosotros, durante nuestra visita a la isla nos hemos alojado en diferentes zonas. Primero en Aow Leuk, que significa “Bahía Profunda”. Al sur de la isla se encuentra una preciosa playa de arena blanca con aguas turquesa y arrecife de coral en ambos lados de la bahía. Varios bungalows desperdigados entre palmeras miran hacia el mar con la “Shark Island” al fondo. En este idílico lugar hemos pasado las horas descansando al sol, leyendo a la sombra, refrescándonos en el agua…

Unos días después, nos hemos trasladado al pueblo de Mae Haad, más cerca del ambiente de buceo y la animación nocturna.

Hemos disfrutado haciendo snorkel y visitando las diferentes playas y miradores de la isla. La moto es el medio de transporte elegido por la mayoría de turistas; es perfecta por las distancias que hay que recorrer y la independencia que proporciona. De todos modos, creemos que Ko Tao no es el lugar para cogerla por primera vez ya que la mayoría de carreteras y caminos no se encuentran en buen estado y a veces las pendientes hacia las playas requieren bastante habilidad conduciendo. Además hay playas y bahías prácticamente inaccesibles por tierra con lo que en estos casos se puede coger un “taxi boat” o visitarlas en circuitos en grupo.

Como siempre, los tailandeses nos han acogido con su hospitalidad y sonrisa interminables. Respecto a la comida, seguimos deleitándonos con sus sabrosas y saludables sopas, ensaladas, mariscos, currys, arroces, noodles, batidos de fruta… Definitivamente, Tailandia nos fascina.

Volvemos a Krabi para seguramente de ahí ir moviéndonos hacia el sur. Hasta pronto!

Buscando mar y playas en Tailandia: Krabi

Nuestro primer destino playero ha sido la provincia de Krabi, al suroeste de Tailandia, en la costa de Andaman. Hemos llegado muy fácil y rápido desde Bangkok en avión, por muy buen precio además con la compañía de bajo coste Air Asia.

Esta provincia tropical del sur alberga varios parques nacionales y numerosas playas de arena blanca y aguas turquesa. Las destinaciones más populares son el Parque Nacional de Hat Noppharat Thara – Mu Ko Phi Phi, Ao Nang, Railay y Ko Phi Phi. Sin embargo, si se investiga un poco más, es fácil descubrir montones de lugares paradisíacos, menos conocidos pero a su vez impresionantes. De hecho, la provincia incluye 80 islas menores que se pueden explorar.

Algo que nos ha llamado la atención es la cantidad de musulmanes en la zona. Únicamente el 4% de los tailandeses siguen esta religión, pero parece ser que la mayoría emigraron desde Malasia a las costas del sur para trabajar como pescadores. Es por esto que abundan las mezquitas en Krabi, la comida halal y todas las normas y costumbres de esta población.

El pueblo de Krabi, la capital de provincia, no tiene muchos atractivos. Es pequeño, abarrotado de hostels, restaurantes occidentales y bares. No tiene ninguna playa que merezca la pena y por las noches resulta realmente ruidoso. De todos modos, es punto de llegada y partida de viajeros ya que posee aeropuerto y salida de ferris y autobuses a numerosos lugares. Cabe destacar el “Night Market”, en el que se puede degustar comida auténtica y barata mientras se curiosean los diversos puestos.

Sin duda merece la pena la excursión de al menos un día a Railay, el paraíso para los escaladores. “Long-tail boats” salen frecuentemente desde el embarcadero de Krabi, el trayecto es barato (2 euros aprox) y dura 45 minutos.

Principiantes y expertos pueden disfrutar de las paredes de Railay, consideradas de las más bellas del mundo. Se alquila material, se organizan rutas y se dan clases de escalada para los primerizos. Igualmente, aunque no se escale, Railay ofrece cuatro preciosas playas y hermosas vistas. La más fotografiada y sin duda inolvidable, es la playa de Hat Phra Nang. En ella se encuentra la Cueva de la Princesa, santuario para pescaderos tanto budistas como musulmanes que piden al espíritu de la princesa india que murió en esta cueva buena pesca ofrendándole falos de madera.

De los lugares en Tailandia más turísticos y ruidosos que hemos visitado hasta ahora, este es Ko Phi Phi. Sinceramente, está repleto de veinteañeros europeos, estadounidenses y argentinos que buscan quemarse al sol durante el día, hacerse tatuajes y alcoholizarse de fiesta durante la noche. Pero eso no es todo y sería injusto quedarse sólo con esta idea. La isla es preciosa con sus abruptos acantilados y aguas celestes. Si se escoge un buen alojamiento alejado del bullicio nocturno (nosotros tuvimos la suerte, Phi Phi Cozy Seafront Resort ) Ko Phi Phi es perfecta para visitar las pequeñas islas de alrededor, relajarse al sol, hacer snorkel o kayak y si apetece, salir de fiesta loca por la playa.

Y por supuesto, desde aquí se visita la famosa playa de la película protagonizada por Leonardo diCaprio “The Beach”, Maya Bay, que aún atestada de turistas, es hermosísima.

Otro lugar que recomendamos en Krabi como alojamiento y además como punto de relajamiento con posibilidad de múltiples actividades es el Bananas. Aislado en plena naturaleza, entre manglares con salida al mar, pero con todas las facilidades para moverse en grupo o por libre en moto, ha sido uno de nuestros sitios favoritos hasta el momento en Tailandia.

El ambiente de los bungalows es impresionante, con filosofía de camping, compartir, relacionarse y de conocer gente; desde allí hemos hecho excursiones en barco a diferentes islas, kayak y explorado los pueblos y atractivos turísticos de la zona con la moto.

Continuamos por Tailandia, nos vamos a bucear a Ko Tao!