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Luang Prabang, la ciudad de los templos

Luang Prabang es una pequeña ciudad de Laos que para su tamaño, acoge una cantidad inmensa de templos. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el núcleo central se encuentra ubicado en la confluencia de dos ríos, el Mekong y el Nam Khan. Con 24.000 habitantes, en la parte antigua se alzan más de 50 templos y monasterios budistas y viven 1.000 monjes aproximadamente.

Es una ciudad realmente especial y cautivadora. A lo largo de tres calles principales se suceden hermosos templos dorados, entre casas tradicionales de madera reconvertidas en agradables cafés o restaurantes. Como en todo Laos, la ciudad se mueve despacio, sin prisa, y es posible pasar el día entero de templo en templo, intentando decidir cuál es el más bello.

Algunos templos destacan por sus colores, otros por las estatuas doradas de Buda, otros por los murales que describen su vida y otros simplemente por la atmósfera que se respira en ellos. Los jóvenes monjes realizan sus tareas y rutinas sin prestar demasiada atención a los turistas que los observamos. Cada mañana a las 5:30h recorren las calles en ceremonia recogiendo limosna de devotos budistas arrodillados en filas. Como nosotros no lo somos y parece ser que los turistas que fotografían o que intentan formar parte del rito incomodan más que otra cosa a los monjes, decidimos ahorrarnos el madrugón y dejar tranquilos a monjes y creyentes.

Aunque no sea un templo, igual de imponente es Haw Kham, el antiguo palacio real reconvertido ahora en museo nacional.

El pequeño monte Pho Si domina la ciudad con el templo y estupa Wat That Chomsi en su cumbre. Merece la pena el esfuerzo de ascender las empinadas escaleras. Varios templos y estatuas amenizan el trayecto y una vez en la cima las vistas son espectaculares. Hacia un lado se obtiene una perspectiva preciosa de Luang Prabang entre las montañas. Al otro lado, el imponente río Mekong discurre lento pero imparable rumbo al sur.

Luang Prabang es una ciudad tranquila y como hemos dicho repleta de cafés y restaurantes. La gastronomía de Laos, muchas veces erróneamente considerada tailandesa, es variada y deliciosa. Entre los básicos se encuentra el arroz glutinososticky rice que servido entre hojas de bambú, sirve como acompañamiento de cualquier plato. En su defecto, sorprendentemente es facilísimo encontrar pan o baguettes en Laos y son habituales los puestos de calle de bocadillos. Un plato típico es el laap que básicamente es una ensalada con carne picada (pollo, ternera, cerdo o pato) condimentada con lima y salsa de pescado. Nos enamoramos de un restaurante, el Khaiphaen, que forma parte del grupo de restaurantes Tree Alliance. Se trata de una entidad que ofrece programas sociales y empleo a jóvenes de la calle o marginales. Con restaurantes por todo el sudeste asiático, hemos probado varios de ellos y todos ofrecen unos platos exquisitos. La especialidad del Khaiphaen es el ingrediente del mismo nombre que es una alga exclusiva del Mekong, crujiente y cubierta de sésamo. Aquí también probamos la salchicha típica laosiana, la Sai Oua o la picante ensalada de papaya verde o Lam Som. Otro plato indispensable es la barbacoa laosiana o seendat que además es muy entretenida de preparar.

Por la noche, un mercado nocturno enorme ocupa la calle principal. En él, aparte de comida de calle, se puede comprar todo tipo de artesanía, ropa o souvenirs.

Mercado nocturno de Luang Prabang
Mercado nocturno de Luang Prabang

Alquilamos nuevamente una moto para explorar los alrededores de la ciudad. A 30 kilómetros, tras un camino tranquilo entre campos y poblados,  se encuentran las cascadas de Kuang Si. A pesar de ser bastante concurridas, son de las más bonitas que hemos visto hasta el momento. El camino trascurre a lo largo de varias piscinas naturales turquesa escalonadas en diferentes niveles para llegar al final a la gran cascada de 60 metros. Con mesas de picnic e incluso un restaurante, es un lugar perfecto para pasar el día. Además, en la entrada del parque se encuentra el centro de rescate y recuperación de osos Tat Kuang Si Rescue Centre. El centro forma parte de la organización Free the Bears y protege varios ejemplares de oso negro asiático de los furtivos y de las granjas de bilis de oso.

Por el momento nos despedimos de Laos, volaremos rumbo a un país ya visitado durante este  viaje.

Foto de “Entrega de limosna a los monjes en Luang Prabang”: By Benh LIEU SONG – Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15684121.

Gastronomías del mundo: Japón, el okonomiyaki

Las raíces de la palabra “okonomiyaki” significan “al gusto, como quieras” (okonomi) “cocinado a la plancha” (yaki). Con esto ya os podéis imaginar que el arte de preparar el okonomiyaki es todo un mundo. Este delicioso plato, conocido por los principiantes también como “la pizza japonesa” o “la tortilla japonesa” es un plato popular en Japón, delicioso a cualquier hora y accesible para todos los bolsillos.

La masa cocinada consiste en una base de harina, agua, huevo y ñame rallado. Después se añaden diferentes ingredientes al gusto del chef o del comensal. Entre ellos los más comunes son carne de cerdo, cebolleta, diferentes vegetales, gambas, calamares, pulpo, kimchi, mochi o el queso. Una vez cocinado en la plancha, se cubre con salsa dulce especial de okonomiyaki, mayonesa, aonori (algas secas) y katsuobushi (pescado seco).

La preparación la puede hacer el cocinero, pero la habitual, es que los propios comensales lo cocinen en una plancha en su propia mesa. Se tienen que verter los ingredientes y con la ayuda de dos espátulas, una grande y otra pequeña, darle forma y hacerlo por los dos lados. Una vez listo, se cubre con las diferentes salsas y condimentos y a comer! Mi consejo es que a pesar de la emoción del momento, tengáis cuidado con los primeros bocados ya que estarán muy calientes.

El okonomiyaki fue inventado en Japón antes de la II Guerra Mundial pero se desarrolló durante y después de la guerra cuando el arroz comenzó a escasear y los residentes tuvieron que utilizar su creatividad para preparar otros ingredientes más disponible en ese momento. El nombre “okonomiyaki” comenzó a utilizarse a finales de los años 30 en Osaka. En esa época en Hiroshima un “crep” similar aderezado con cebolla y plegado se hizo popular, sobre todo entre los niños servido como aperitivo.

Pueden diferenciarse dos grandes tipos de okonomiyaki. El primero, al estilo de Kansai u Osaka, en el que todos los ingredientes son mezclados en una masa y después cocinados. El segundo, al estilo de Hiroshima, en el que una pequeña tortilla es cocinada y después se ponen sobre ella los ingredientes, siempre con mucha col, a veces fideos fritos o un huevo frito que se añade al darle la vuelta.

Por último tenemos el monjayaki que es una variación del okonomiyaki también conocida como al estilo de Tokyo. Los ingredientes principales se cocinan primero en la plancha y después se les da forma de anillo para añadir la masa en el centro. Resulta más líquido que el resto de estilos por lo que se come directamente de la plancha utilizando la espátula del okonomiyaki.

Si no lo habéis probado todavía, espero que en vuestro viaje a Japón no os olvidéis de disfrutarlo. Hasta entonces podéis buscar si tenéis cerca algún restaurante japonés especializado que lo prepare. En Barcelona, lo hacen fenomenal en el Rio. También, estos no los hemos probado, podéis comerlo en Mallorca en el restaurante Shogun, en Madrid en el restaurante Hanakura, en Valencia en el restaurante Tastem y en Sevilla en el restaurante Kakure. ITADAKIMASU!
La foto del okonomiyaki de Hiroshima ha sido sacada de la la Wikipedia y tiene una licencia CC BY-SA 3.0

Gastronomías del mundo: el chocolate de Modica

Sicilia es una isla que nos ha dejado huella como viajeros. No comparable a ninguna otra del mediterráneo, sus atractivos son innumerables y únicos. Sólo hace falta repasar a grandes rasgos su historia para darse cuenta de que ha recibido influencias de muchísimos lugares y culturas, creando así un carácter italiano propio extraordinario. Esta vez, sólo hablaremos sobre uno de los descubrimientos que nos enamoraron durante el viaje: el chocolate de Modica.

Sicilia por supuesto ofrece playas y descanso estival asegurado en un entorno natural increíble, pero si se quiere conocer un poco más la isla y disfrutarla al máximo, creemos que merece la pena echar un vistazo a su historia. Habitada desde la Prehistoria (restos paleolíticos en la zona de Trápani), en la época de las colonizaciones (siglo IX a.C.) fue ocupada por los fenicios, después por los griegos, los cartagineses (siglo V a.C.) y después por los romanos (con las Guerras Púnicas). Con la caída del Imperio romano, desde los pueblos germánicos llegaron los vándalos, luego los hérulos y los ostrogodos. En el año 535 fue incorporada al Imperio bizantino al que perteneció durante medio milenio.  A partir del siglo VIII las conquistas llegaron desde el norte de África por parte de los sarracenos que fundaron el emirato de Sicilia. En el año 1061 Sicilia fue conquistada por los normandos, más tarde por los germánicos gibelinos y después los franceses angevinos. En el siglo XIII,  la corona de Aragón entró en el juego con varias bodas concertadas. Tras varias trifulcas Sicilia se mantuvo como virreinato del imperio español hasta el año 1713, final de la Guerra de Sucesión española, con lo que pasó a ser dominio de los saboyanos, luego de los austriacos y después de los borbones. Fue en 1860 que Garibaldi desembarcó en la isla  e impuso su dictadura para convertir Sicilia definitivamente en italiana.

Volviendo al tema que nos interesa, el chocolate de Modica existe como consecuencia de la larga ocupación española de la isla durante la Edad Media. Los españoles a su vez aprendieron a procesar este chocolate granular y desmenuzable de los Aztecas que también colonizaron en esa época.

El chocolate moderno se produce tras varios pasos, todos ellos mecanizados, en los que el cacao se cuece a altas temperaturas, se separe para después volver a mezclarse con manteca u otras grasas más baratas y se le añaden otros ingredientes como lecitina, emulsionantes, leche y a veces saporificantes. Es un proceso complejo y artificial. Por el contrario, el único ingrediente en una tableta de chocolate de Módica son los granos de cacao y el azúcar.

Los indígenas mejicanos obtenían el “xocóatl” machacando los granos de cacao tostados contra una piedra que llamaban “metate” hasta extraer manteca de cacao y obtener una pasta granular. Esta pasta es procesada a 40º con azúcar granulado añadido y en lugar de derretirse o mezclarse, le da al chocolate de Módica la textura rugosa característica. La mezcla se dispone en típicos moldes rectangulares y se deja enfriar sobre una superficie de mármol de forma que el aire sale en forma de burbujas que confieren la particular textura terrosa de este chocolate. El aroma es de granos de cacao tostados y el sabor tradicionalmente tiene toques de vainilla o canela. De todos modos, se preparan tabletas a las que se añade un único sabor como el chilli (peperoncino), algarroba, hinojo, café, pistacho o frutas cítricas; sabores siempre sutiles que no se sobreponen al sabor principal del cacao. Se puede comer sólo, con pan, o caliente disuelto en agua o leche. Módica es en la actualidad el único lugar del planeta en el que se sigue produciendo el chocolate en frío siguiendo la técnica de los antiguos aztecas.

Es Modica un lugar tan especial para los chocolateros, que desde 2009 se celebra anualmente en la ciudad un festival denominado “Chocobarocco”. Son varias las tiendas y talleres que ofrecen chocolate pero os recomendamos la Antica Dolceria Bonajunto.

Antica dolceria Bonajuto

Además de por el chocolate creemos que la visita a Modica es imprescindible, ya que es una preciosa ciudad pintoresca con una catedral barroca impresionante. Fue declarada por la Unesco en 2002 Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación de “Ciudades del barroco (siciliano) tardío de Val di Noto”. Nos alojamos en un B&B que también recomendamos fervientemente: Palazzo Il Cavaliere.

 

Gastronomías del mundo: Túnez

Túnez es un pequeño país lleno de atractivos. Tranquilos y hospitalarios, los tunecinos han demostrado a lo largo de la historia que tienen un carácter fuerte y pacífico, que les ha permitido mantenerse abiertos al mundo a pesar de las adversidades.

País emocionante y subestimado, ofrece distintas culturas e increíbles contrastes paisajísticos que pueden explorarse en pocos días. Al norte destaca la costa mediterránea, con sus playas y plantaciones de olivos y cítricos. Aromas de jazmín y té a la menta acompañan suculentos platos de pescado fresco. Al sur, las arenas siempre mágicas del Sáhara se extienden profundamente hacia el interior de África y se conservan las tradiciones y costumbres de los beréberes.

Siendo un país tan rico en contrastes, Túnez posee una excelente gastronomía. Cuando lo visites, no puedes perderte los siguientes 5 platos:

1. Cuscús tunecino
Porque cada país del Magreb tiene su propio estilo para preparar el cuscús no debes perderte el plato estrella de Túnez.

2. Ensalada tunecina (mechuiya)
Fresca y totalmente mediterránea, es el acompañamiento ideal para cualquier plato.

3. Harissa
Condimento picante por excelencia del país. Los tunecinos se sienten tan orgullosos de su pasta picante de pimiento que se atreven a tomarla con cualquier comida. Si pides un bocadillo acuérdate de insistir en que te pongan poco picante!

4. Brick
Especie de empanadilla ligera de pasta fina y crujiente, lo sirven relleno de varios ingredientes pero siempre presente el huevo. Por supuesto hay que comerlo con la mano, es todo un reto terminarlo sin que se derrame ni una gota de la yema.

5. Ojja con merguez
Deliciosa forma de tomar la típica salchicha merguez en un guiso con verduras.