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Angkor y el desaparecido imperio khmer

Camboya es un país con una historia impresionante que por algún motivo es bastante desconocida para la mayor parte del mundo. Hoy en día es fácil viajar a Camboya y  uno de los destinos asegurados es el descomunal complejo de templos de Angkor al costado de la ciudad actual de Siem Reap. Pero, ¿quién construyó estos templos? ¿cuándo? ¿qué fue de sus creadores?

Se considera que la cultura khmer surgió con la fundación del imperio del mismo nombre. El creador del Imperio Khmer fue el rey Jayavarman II que sometió a las tribus circundantes para declararse, con el poder conferido por Shiva, rey-dios (devaraja) del nuevo imperio en el año 802 dC. Para reforzar la imagen de su ascendencia divina, el rey-dios tomó Angkor como la capital del reino y empezó a construir grandes obras religiosas, iniciando una tradición que continuaron sus sucesores durante siglos hasta crear el gran complejo monumental que hoy podemos visitar.

Angkor es el testimonio del inmenso poder y riqueza que acumuló el Imperio Khmer que se extendió durante 7 siglos no sólo en lo que es la actual Camboya si no también en los países vecinos de Laos, Vietnam, Talandia, parte de Birmania y Malasia.

El hinduismo fue la religión dominante hasta el siglo XII, fecha en la que ya habían sido erigidos la mayoría de los templos. Estos se construían siguiendo el concepto simbólico del monte Meru, hogar de los dioses y centro del universo hindú. Los templos representan el ascenso a la montaña sagrada con escaleras muy pronunciadas, mientras que las puntas  y sus característicos remates evocan la cima de la montaña. Los patios son los continentes y los fosos los océanos. Con la llegada del budismo en el siglo XII, los templos se hicieron más horizontales, y las imágenes de Buda reemplazaron a la de los dioses anteriores.

Volviendo a los reyes-dioses del inicio, a Jayavarman II le sucedió su hijo (III) devoto asimismo del dios hindú Vishnú. Posteriormente Indravarman I construyó el primer gran templo de la zona, a finales del siglo IX, en honor al mismo Jayavarman II, el templo de Preah Ko, para el culto de los antepasados de Java y de los espíritus custodios del reino.

Indravarman I también hizo erigir uno de los complejos más grandes y representativos, el de Bakong, que establecería las características arquitectónicas principales de Angkor que permanecerían sin grandes cambios hasta la llegada de la religión budista. Dedicado a Shiva y representación del monte Meru, sirvió como templo central de la ciudad. Indravarman I además impulsó el ascenso del imperio gracias a los sistemas hidraúlicos y de canalización de agua que se diseñaron durante su reinado.

Con la muerte del anterior y tras sangrienta lucha, Yasovarman I se alzó en el trono. En el centro de su nueva ciudad erigió el templo real de Phnom Bakheng, además de otros templos-montañas como los de Phnom Krom y Phnom Bok.

Durante los siguientes 300 años diferentes reyes lucharon por el trono y erigieron sus propios templos-montaña a cada cual más magnífico. A nosotros nos gustó por ejemplo el de Eastern Mebon, erigido por Rajendravarman II, con sus bien conservados elefantes en las esquinas.

Pero fue en el siglo XII, bajo el reinado de Suryavarman II, que se construyó el templo más importante de Angkor, Angkor Wat, el cual se ha convertido en símbolo de la cultura camboyana. Se cree que fue el templo de Suryavarman II pero también su mausoleo ya que se encuentra, a diferencia de los demás, orientado hacia el oeste, la dirección de la muerte según el hinduísmo. También es conocido por albergar más de 3000 apsaras o ninfas celestiales, cada una de ellas única. En las galerías de alrededor del templo central se suceden a lo largo de 800 metros unos elaborados bajo relieves que describen diferentes acontecimientos de la época y del hinduísmo.

Suryavarman II también construyó el enorme templo de Beng Mealea que hoy en día es uno de los más salvajes, con pasadizos y montañas de piedras que se pueden escalar.

El periodo de máximo esplendor de Angkor llegó después con el rey Jayavarman VII. Fue un líder militar que amplió las fronteras del imperio y unificó el reino tras años de guerra y disputas.  Construyó una nueva capital, Angkor Thom (“gran ciudad”) y erigió, ya bajo la religión budista, varios templos en su interior: en el centro Bayón el templo del estado, Ta Prohm en honor a su madre, Preah Khan a su padre, Banteai Kdei, Neak Pean o Ta Som. Lo primero que llama la atención a la entrada de Angkor Thom son las inmensas puertas de 20 metros de altura coronadas por las caras de Bodhisattva Avalokiteshvara mirando fijamente sobre el reino. Las pasarelas de entrada se encuentran flanqueadas por 54 demonios y 54 dioses en lucha.

Ya en el interior de la ciudad antigua, el templo de Bayón es sin duda uno de nuestros preferidos. Desde cualquier ángulo de visión aparecen las enormes caras de Avalokiteshvara, más de 216 rostros de sonrisa fría y enigmática que permanecen inertes durante los siglos. Ta Prohm, el templo a su madre, es muy especial también. Las piedras caídas y pasadizos colapsados han dejado paso a las raíces de los árboles y la naturaleza se fusiona con las ruinas del antiguo gran imperio. Preah Khan se encuentra en mejor estado y es un claro ejemplo de la mezcla de religiones, con la entrada este dedicada al budismo y las otras tres a Shiva, Vishnu y Brahma. El rey Jayavarman VII además hizo carreteras, hospedajes, escuelas y hospitales. Fue un rey respetado y parece ser no tan tirano como los anteriores.

Jayavarman VII fue el último gran rey de Angkor, ya que los que llegaron después no fueron capaces de seguir sus pasos y trajeron con ellos un periodo de decadencia y recesión. Las causas de la disolución del imperio en el siglo XV no están del todo claras. Los historiadores proponen diferentes teorías: las conversiones religiosas entre el budismo y el hinduísmo de los últimos reyes pudieron afectar al sistema social y político de la época, las incesantes luchas de poder internas entre los príncipes khmer, revueltas de los pobres, invasiones siamesas, plagas y teorías medioambientales.

Por un motivo o por otro, la esplendorosa ciudad de Angkor fue abandonada y  tomada por la naturaleza. Puede ser que pequeños asentamientos la poblaran durante algún tiempo pero no fue hasta finales del siglo XIX que fue redescubierta y arqueólogos de diferentes países comenzaron a reconstruirla. Excepción es el gran templo de Angkor Wat que siempre ha sido mantenido por monjes budistas.

La visita a Angkor es por todo esto apasionante. Se puede comprar entrada para 1 día, 3 días o 7 días (20, 40 y 60 USD) y las distancias entre templos pueden recorrerse a pie, en bici, en moto, tuk-tuk o coche. Nosotros nos llevamos una buena idea con la entrada de 3 días, incluidas salida y puesta de sol, y recorrimos Angkor en tuc tuc guiados por el sonriente Dy. Antes de llegar nos llamaba la opción de la bicicleta pero, una vez vistas las largas distancias entre templos, todo lo que ya se camina visitándolos por dentro y el calor que hace en Camboya en abril, creemos que el tuk-tuk es una opción cómoda, rápida y fresca para explorar los templos de Angkor.

Celebrando el Año Nuevo Khmer

Hemos tenido la gran suerte de llegar a Camboya durante las celebraciones del Año Nuevo. Nuestro primer destino ha sido Siem Reap y aquí es donde hemos conocido y compartido la gran fiesta khmer.

El año nuevo en Camboya, Choul Chnam Thmey en el idioma khmer, es una fiesta pública que dura 3 días y viene marcada por su calendario solar, siendo cada año el primer día el 13 o 14 de abril nuestros. Son unos días que marcan el final de la época seca antes de que comience la época de lluvias y los agricultores descansan y disfrutan de sus frutos antes del inicio de las lluvias.

Los orígenes de esta fiesta se asientan en el brahmanismo, muy relacionado con el hinduísmo, ya que los khmer antes que budistas fueron hinduístas durante siglos. La fiesta es considerada budista, pero al igual que en los templos y en la mentalidad khmer, pervive el componente hinduísta.  Tradicionalmente, cada día tiene su nombre y sus rituales.

Primer día: Maha Songkran

Simboliza al igual que en otras culturas como la tamil, el día de la creación. Según el pueblo khmer, el mundo fue creado por los ángeles de Dios por lo que este día limpian sus casas y las iluminan con velas y luces para darles la bienvenida. La familias colocan un ídolo de Buda en el altar de sus casas y queman incienso en los templos, inclinándose, arrodillándose y postrándose tres veces ante la imagen de Buda en señal de agradecimiento por sus enseñanzas. En busca de la buena suerte, lavan su cara con agua sagrada por la mañana, el pecho al mediodía y los pies por la noche antes de ir a dormir.

Segundo día: Virak Vanabat

Es el día para pensar en los menos afortunados y la gente ofrece caridad a los pobres. Las familias van a los templos en señal de respeto a sus ancestros y también se intercambian regalos.

Tercer día: Leang Saka

Es el día en el que limpian las estatuas de Buda con agua perfumada para asegurarse recibir el agua suficiente para el nuevo año. En las familias los hijos lavan a sus mayores para recibir de ellos los mejores deseos y consejos durante el año.

En realidad, toda la celebración es una fiesta del agua pues sobre todo los más jóvenes se refrescan y se divierten lanzándose agua unos a otros con cubos o pistolas de juguete (no confundir con la Fiesta del Agua en la que precisamente no se lanzan agua). Además se echan polvos de talco como señal de buena suerte y buen año.

Nosotros no dudamos, ya con la caída del sol, en salir y ver el ambiente en la Pub Street de Siem Reap. La sorpresa fue enorme cuando nos vimos sumergidos en la fiesta del agua y del talco, todo eran sonrisas, música y bromas. Lo pasamos como niños y conseguimos refrescarnos después de un día de calor tórrido. Había quien llenaba sus pistolas con agua helada, quien tiraba cubos enteros desde las ventanas, quien tímidamente te ponía un poco de talco en la cara y marchaba corriendo. Ha sido nuestro tercer año nuevo “este año” y sin duda inolvidable.

En nuestra visita a Siem Reap y los templos de Angkor tuvimos la suerte de toparnos con un conductor de tuc tuc genial, Dy. Además de llevarnos por los templos nos abrió las puertas de su casa de par en par en la gran fiesta del año. Los camboyanos dan una gran importancia a la familia y sobre todo a sus mayores por lo que Dy nos presentó a decenas de relativos suyos. Pudimos ver cómo lavaban a los padres y abuelos entre risas y juegos. Nos sentaron a su mesa y nos ofrecieron bebida y comida para después pasar a una de sus actividades favoritas, la danza. Bailamos todos juntos en círculo hasta que caímos agotados.

Sobre todo nos sentimos orgullosos por haber conocido tan de cerca familias khmer, que a pesar de tener muy cerca en el tiempo y en la memoria un pasado aterrador han salido adelante con fuerza, con sonrisas, alegría y una hospitalidad fuera de lo común.