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Okinawa es diferente

Japón es un país que todo viajero debe visitar alguna vez en la vida. Es un país cuya cultura, historia, gastronomía y tradiciones no dejan indiferente a nadie. Japón nos encanta!

Pero, ¿y si hablamos de Okinawa?

La prefectura de Okinawa es la más meridional de Japón y comprende un grupo de 160 islas de las cuales sólo 44 están habitadas. Localizadas entre el mar de la China Oriental y el Océano Pacífico, al noreste de la isla de Taiwán, estas islas subtropicales sorprenden por su belleza y peculiaridades.

Okinawa posee una cultura y tradiciones diferentes a las del resto de Japón ya que antiguamente era un reino independiente.

¿Sabías que el idioma japonés que se habla actualmente allí es diferente al del resto de Japón ya que está influenciado por las lenguas ryukyuenses originales?

¿Sabías que Okinawa es el lugar de la Tierra donde habitan las personas más longevas?

¿Sabías que es allí donde se originó el karate?

Aquí dejamos una pequeña muestra de nuestro viaje a Okinawa y Tokyo. Esperamos que os hayamos contagiado un poquito nuestra pasión por este maravilloso país.

 

Escapada de fin de semana… Edimburgo

Y ahora que tenemos bastante reciente por los medios Escocia y su independencia, me gustaría hablar del descubrimiento de Edimburgo este septiembre pasado. La verdad es que es una ciudad de la que siempre había oído hablar bien pero nunca me había lanzado a visitarla.

Aprovechando la celebración de una boda japo-escocesa (este evento se merece un post completo) volamos a Edimburgo de escapada de fin de semana. 2 o 3 días son suficientes para pasearla y llevarse una primera impresión. La mía es muy positiva.

Pequeña ciudad de poco tráfico, parece que nada desentona en sus calles de piedra. Turística, universitaria, rebosa vida por todas sus esquinas pero a la vez, gracias al carácter amable y acogedor de los escoceses, me sentí relajada y totalmente integrada durante la corta visita. Creo que es imprescindible para conocer un poco la cultura y espíritu de los escoceses, no tardar en picar algo y tomarse unas pintas en un pub. Entre el bullicio y el ir y venir continuo de jarras de cerveza, siempre se encuentra una mesa de madera donde descansar, desgustar la deliciosa bebida, observar cómo se divierten los sonrientes y espontáneos escoceses y si hay suerte brindar o conversar con alguno de ellos.

Como inciso, tengo que decir que para opinar sobre política de cualquier país creo que no hay nada más veraz y fidedigno que hablar con sus gentes, a poder ser con personas que tengan diferentes puntos de vista sobre la situación o el conflicto en cuestión.

Entonces, entre pub y pub, paseamos sin prisa por las calles, mirando los bonitos edificios, iglesias, tiendas de ropa,música y gadgets; y por los cuidados parques. Además, la ciudad ofrece la posibilidad de visitar varios museos (no entramos a ninguno), el imponente castillo de Edimburgo, el polémico a nivel arquitectónico Parlamento y si lo que se busca es un poco de diversión, la exposición de «cámara oscura y un mundo de ilusiones» o visitas guiadas y casas del terror.

Merece la pena un paseo por la cercana Calton Hill, ya que está muy cerca del centro de la ciudad y ofrece desde lo alto unas vistas inolvidables de la ciudad y alrededores.

Con esto, me llevo muy buena primera impresión de Escocia, quedan pendientes las High Lands.

Brunch en Berlin

Ya es conocida por todos en nuestro entorno la moda hipster con sus postureos y extravagancias… pero tengo que reconocer que hay aspectos del «hipsterismo» ante los que sucumbo. Entre ellos, la música y la cocina.

Siendo vasca y viviendo en el Mediterráneo, reconozco que adoro comer y que creo que tengo un paladar exigente. Así como el año pasado, la moda en Barcelona compartida y disfrutada por todos era salir de vermut y comer de tapitas, hecho que provocaba poco contenido sólido en el estómago y un estado de embriaguez que a veces resultaba embarazoso de llevar un domingo al mediodía a pleno sol… este año ya, cada vez se extiende más la moda del brunch.

Torre de BerlínPor suerte, desde el año pasado, he hecho varias salidas de fin de semana a Berlin. Me parece la ciudad underground por excelencia, con ese ambiente ochentero que a pesar del paso de los años se mantiene en los bares, en la música, en la ropa, en el transporte, en los muros. Ciudad retro pero a la vez vanguardista, cada vez que viajo a Berlin tengo que mantener los ojos bien abiertos todo el tiempo para asimilar y aprender sobre todos los avances culturales que nos muestra. Me parece una ciudad abierta y cosmopolita, repleta de gente joven y optimismo, que nada tiene que ver con el conocido carácter frío alemán.

Amantes de lo bio, de lo natural, lo exótico, el aire libre, el slow food… los berlineses me ofrecieron el año pasado mi primer brunch en primavera. El tema consiste en una vez llegado el fin de semana, sobre todo, dormir todo lo que uno quiera. En el momento que uno se despierta, tranquilamente, sin preocuparse porque se pasa la hora del desayuno, buscas una agradable terraza o un local espacioso con enormes mesas de madera o te juntas en una casa con tu grupo de amigos. Y entonces sin prisa, acompañado por un gran café con leche o zumos naturales de cualquier fruta que te puedas imaginar, vas compartiendo diferentes platos, dulces y salados, siempre sin ninguna prisa. Panes de cereales, cupcakes, galletas, bagels… quesos y embutidos… más frutas… salmón y otros pescados… huevos benedictinos y verduras… hamburguesa… y así hasta que realmente ya no puedes comer más. Con esto, una sonrisa y el estómago lleno para el resto del fin de semana, a mi los hipsters me tienen más que ganada!