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5 sencillas razones para viajar a Japón

1. Conocer Tokyo

Imprescindible visitar la gran ciudad de Tokyo y comprobar uno mismo si son ciertos todos los mitos e historias que nos llegan de esta gran metrópoli y su gente. Pasear y adentrarse entre la multitud, comer todo tipo de platos, cantar en un karaoke, comprar cualquier cosa que se nos ocurra… las posibilidades que nos ofrece no tienen límite.

 

2. Visitar templos y jardines

Templo Dorado, KyotoEl país del sol naciente es un paraíso para quien le gusten los templos. Budistas, sintoístas…cualquier pueblo o ciudad de Japón siempre tiene un templo a la vista, habitualmente con su precioso jardín. En busca de templos, no te puedes perder Kyoto y alrededores.

 

 

 

3. Degustar gastronomíaSashimi

En Japón se come mucho más que sushi! La gastronomía es algo que puedes disfrutar en cualquier parte de del país y te sorprenderá la variedad de alimentos, formas de prepararlos y de comerlos. Platos que entran por los ojos y que contentan al paladar más exigente.

 

4. Tecnología punta

Odaiba, Tokyo

Todo lo último en tecnología lo descubrirás en Japón. Desde artículos para la vida diaria y el ocio hasta lo más complejo y evolucionado lo encontrarás aquí.

 

 

 

 

5. Adentrarse en la naturalezaSakura

En primavera y otoño acontecen dos espectáculos que serán inolvidables en tu visita a Japón: la contemplación del florecimiento del cerezo en primavera (sakura) y de la caída de las hojas rojas de los arces en otoño. Es una ocasión única en la que que niños, jóvenes y mayores, veneran la naturaleza y lo celebran a lo grande con toda una fiesta.

Inolvidable Taj Mahal

India es un país especial. De una manera u otra marca un antes y un después en la trayectoria de todo viajero. Lo he visitado en dos ocasiones y no me cansaré de volver. Son muchísimas las anécdotas y experiencias que periódicamente me vienen a la memoria. Algunas de ellas las plasmaré en la pantalla.

Diciembre 2014. Haciendo balance de sensaciones, segundo día en India, ambos nos dimos cuenta de que la evolución fue rápida y positiva. El día previo fue de pesadilla. Nos sentimos estafados por todo hindú que se nos acercó en Delhi. Fue toda una odisea pagar un precio justo por el primer taxi, que precisamente no nos dejó donde le pedimos. Parece que habían montado todos un complot para que no consiguiéramos un billete de tren para Agra. Nos mandaron a diferentes oficinas donde nos ofrecían todo tipo de transporte privado. Finalmente, conseguimos nuestros pasajes y nos relajamos en el tren.

Ya en Agra, supimos evitar a los estafadores y comenzamos a disfrutar del país. También está claro que todo se percibe mejor después de un sueño reparador, pueden ser las 8 horas mejor dormidas en mi vida. El hotel Sidharta es sencillo pero dormimos genial, a pesar de no haber sábanas suficientes para los dos y a pesar de los inesperados mosquitos invernales. No tan genial fue cuando descubrimos que el agua caliente allí difería poco de la fría.

Después de madrugar, terminamos desayunando de forma accidental pero placentera en el Joney’s Place, también en la zona del Taj. Típico lugar querido por las guías, la verdad es que nos ofrecieron un desayuno muy correcto en un espacio colorido y alegre; muy acertado.

Ya estábamos preparados para cumplir nuestra primera misión del viaje: deslumbrarnos (figurada y literalmente) con el maravilloso Taj Mahal. Faltan palabras para describirlo, creo que en este caso especial son más adecuadas las imágenes que las palabras.

Satisfechos, de vuelta en la estación de tren, no tuvimos «casi» problemas para conseguir nuestros billetes a Jaipur. Como disponíamos de 6 horas libres fue fácil decidir que más visitar en Agra, el contiguo fuerte.

Comimos en la zona comercial del Bazar Sadar ricas y picantes especialidades del sur para después conseguir fácilmente un rickshaw que nos llevara a la estación de tren. Ya cuando nos disponíamos a pagar al conductor, en la entrada, ocurrió algo que probablemente no olvidaremos jamás. Nosotros que ya nos estábamos acostumbrando al caótico y temerario tráfico de los hindús, no estábamos ni estaremos nunca preparados para asimilar lo sucedido a continuación. Una moto y un rickshaw chocaron de forma accidental, muy suave, y en cuestión de segundos, vimos al motorista apuntar con un revólver al conductor del tuc-tuc. No escuchamos discusión ni gritos, simplemente siguió apuntándolo con el arma hasta la retirada y huída sumisa del vehículo. Pasividad absoluta entre los testigos, pagamos y entramos en la estación para emprender nuestro viaje a Jaipur.

 

Escenarios de película: Petra

Hace ilusión cuando viajas y te encuentras dentro de escenarios que han aparecido en películas que has visto. En este mundo interminable hay lugares muy especiales y de extraordinaria belleza, que inevitablemente no pasan desapercibidos tampoco para los cineastas. Vamos a hablar sobre Petra.

No se conoce en realidad cuando fue construida Petra pero fueron los árabes nabateos los que la convirtieron en capital de su imperio y la hicieron prosperar sobre el siglo I a.C. aprovechando su situación estratégica en el paso de caravanas de incienso, mirra y especias entre Arabia, Egipto, Siria y el sur del Mediterráneo.

Inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1985 y considerada una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno desde 2007, la ciudad rosa del desierto, fue dada a conocer en el mundo entero en 1989 gracias a la superproducción de Steven Spielberg «Indiana Jones y la última cruzada». Todos recordamos a Indy a caballo, acompañado por su padre cinematográfico Sean Connery adentrándose por el estrecho cañón de piedra, el Siq, hasta llegar a la explanada en la que se abre la impresionante fachada de El Tesoro, templo ficticio en el que ellos anhelan encontrar el valioso Santo Grial. Desde entonces, miles de turistas cada día, intentan emular a Harrison Ford, descubriendo con sus propios ojos la joya excavada en piedra de Jordania.

¿Sabías que en Petra se han rodado también «Queen of the desert», «Transformers: la venganza de los caídos», «El regreso de la momia» y «Samsara»; o que gran parte de la película de «Indiana Jones y la última cruzada» se rodó en Almería?

Pero volviendo a la época de los nabateos, 236km al sur de Amman la capital de Jordania, entre el Mar Rojo y el Mar Muerto, a 1000 metros sobre el mar aproximadamente, en un valle de la región montañosa de Edom, al este del valle de Arabah, las caravanas transportaban mercancías entre Asia y Europa. Petra fue posteriormente anexionada al imperio romano y continuó prosperando, hasta que sobre el siglo VI d.C., como consecuencia de cambios en las rutas comerciales y varios terremotos, los habitantes de Petra tuvieron que abandonar la ciudad y ésta fue olvidada, dejó de existir durante siglos excepto para unos pocos beduinos que se quedaron en el lugar, los Bedul.

En 1812 el arqueólogo suizo Johann Ludwig Burckhardt redescubrió este maravilloso lugar. Desde entonces, los trabajos de campo han ido sacando a la luz imponentes templos, tumbas, el teatro, las calles, mercados, canalizaciones de agua… que los turistas podemos visitar hoy en día.

Nosotros viajamos a Jordania en octubre, un par de semanas y reservamos tres días enteros únicamente para Petra. No nos arrepentimos para nada. Pudimos recorrer la ciudad arqueológica a nuestras anchas y disfrutar tranquilamente de los paisajes. Pero lo que realmente nos sorprendió y marcó en este viaje, fue conocer a varios beduinos locales, los Bedul. Ya hablaremos de ellos más adelante. Sólo deciros que los reconoceréis rápido cuando veáis a decenas de metros de altura una silueta encaramada sobre un monumento o niños solitarios descalzos entre las rocas.

Takayama, Shirakawa-go y los Alpes japoneses

Si se dispone al menos de dos semanas para visitar Japón, creo que es un imprescindible visitar la ciudad de Takayama y alrededores. Nosotros veníamos de Hiroshima y Kyoto, así que el listón estaba ya muy alto. Aparte de que los paisajes son preciosos y nos muestran que Japón es mucho más que grandes urbes y templos, Takayama es un lugar ideal para entrar en contacto de pleno con la cultura tradicional japonesa que tanto nos cautiva a los occidentales. Nosotros aprovechamos para alojarnos en un buen ryokan, disfrutamos todo lo que quisimos de los onsen y degustamos suculentos platos, puede ser los mejores de todo nuestro viaje por Japón. Todo esto, sin movernos del ryokan, lugar perfecto para relajarse y tomar aire.

No hay problema para llegar a Takayama en tren con la JR Pass; se puede hacer un tramo en shinkansen desde Kyoto hasta Nagoya pero después hay que cambiar a otro tren, el Hida limited express que es un poco más lento que el tren bala.

Takayama es una pequeña ciudad muy manejable para visitar a pie, tranquila y acogedora. Tiene varios museos y templos, pero lo que más nos llamó la atención fue la zona de Sanmachi-suji, compuesta por tres antiguas calles con destilerías de sake abiertas al público y al turista hoy en día. Si se viaja en abril o en octubre, se puede hacer coincidir la visita con la Takayama Matsuri, una fiesta en la que sacan a pasear por las calles adornadas carrozas. Nosotros pudimos ver un par en los almacenes y la verdad es que eran impresionantes.

Es recomendable reservar una mañana para visitar Shirakawa-go. Desde la estación de tren de Takayama salen autobuses a diario. Es cierto que pagando el trayecto te ves obligado a formar parte de un tour con su respectivo guía. No es algo que nos guste, de hecho siempre huimos de cualquier viaje o visita organizada, pero nuestra desconfianza inicial desapareció rápidamente. Un simpático japonés nos amenizó el viaje en autobús con sus chistes y comentarios y una vez llegados a Shirakawa-go nos dejó en la aldea completamente libres. Disfrutamos paseando entre las casitas de madera con techos de paja triangulares, súper pintoresco! Además, aunque viajamos en abril, todavía pudimos lanzarnos algunos bolazos de nieve que todavía quedaba del invierno.

No siempre hay que huir de las visitas organizadas, ¿no crees?